domingo, 18 de diciembre de 2011

Frío

No conseguía conciliar el sueño, la brisa nocturna le helaba los huesos, hasta tal punto que ya no sentía las extremidades. Lo único que deseaba en este momento era una de las fogatas con las que muchos de los mendigos conseguían calentarse las manos, escasas noches lo lograba, ya que no conseguía entablar ese vinculo de compañerismo con los demás.
   Robert solo era un mocoso de 13 años que pasaba la mayoría de las noches en la calle, desapercibido, a excepción de alguna señora de avanzada edad que le regalaba alguna moneda, para chuches.
   Su padre falleció hace dos años, en un lamentable atraco, desde entonces las facturas se fueron acumulando, hasta tal punto de tener que mudarse a un pequeño piso en el centro. Su madre gana escaso dinero, con el que podían mantenerse, siempre a cambio de que diversos hombres pasaran un rato en su casa, por lo cual  tenía que salir fuera. Con el tiempo había aprendido a calcular que tendría que subir en unos treinta minutos, pero muchas noches su madre recibía más de una visita, por lo cual pasaba horas en la calle.
  Muchas veces fantaseaba con que era uno de aquellos chicos de la calle que siempre van con su perro a todas partes, pero ese sueño se acaba y tiene que afrontar la dura realidad. Por las tardes suele aprovechar las escasas horas de luz para escribir, poder expresar sus sentimientos en una hoja de papel en algún sitio apartado para librarse de las palizas de los demás niños y los insultos recibidos a él y a su madre.
  Una ráfaga de aire frio le golpeo la cara, despertándole de sus pensamientos, aun no era hora de subir a casa, y si seguía ahí sentado se moriría del frio, era hora de dar una vuelta. El callejón estaba oscuro y falto de movimiento, como siempre, pero había algo diferente a los demás días, apoyado en la pared, un hombre le miraba fijamente. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, en sus ojos activo una nota de lujuria y ya era tarde, el miedo le había paralizado las piernas  mientras se acercaba lentamente. No hubo palabras, le agarro del pelo y se lo llevo a lo más oscuro del callejón.

Se encontraba frente a la puerta, se encontraba sin fuerzas para entrar, sin fuerzas para vivir, no podría creer todo lo que pasaba, toda su infancia había acabado, su vida estaba marcada por este momento, tendría que salir para adelante, aunque no podía.
  Su casa era un pequeño cuarto, iluminado por una tenue bombilla, las paredes estaban llenas de humedad y el papel caía por ellas; el aroma era a cerrado y cargado, por lo que se deducía que no se ventilaba y a penas se limpiaba.
Robert lloraba incesantemente, sin control alguno, su madre había salido a recibirle, con una bata rosa que dejaba al descubierto su lencería y un hombro descubierto. Al ver que Robert tenía la cara roja por el llanto se apresuro a abrazarle.                                                                                                                                                             – Cariño, ¿Qué te ha pasado?
Robert no dijo palabra, solo se oía su llanto. Su madre se apresuro a quitarle la ropa e inspeccionarle inmediatamente, supo lo que había sucedido, no podría creerlo era un golpe muy duro, no podía permitir que las cosas siguieran así.
-Robert, haz las maletas, recoge todo.
Tenía algo de dinero ahorrado desde hace un tiempo, pues sabía que tenía que dejar esa vida, y ya era la hora no podía dejar que las cosas continuaran así. Se apresuro a su cuarto, vaciando los cajones de la mesilla, recogió el sobre donde guardaba los ahorros, apresuradamente saco una maleta e introdujo la escasa ropa que tenia. Dejo la maleta junto a la puerta, y fue a ayudar a Robert con su maleta.
   Era de noche pero la central de autobuses siempre estaba abierta, daba igual el sitio, nada importaba solo el cambiar de vida. Llego pronto, la noche la pasarían durmiendo en el viaje, pero mañana seria una nueva vida, empezarían en un motel pronto tendrían para el alquiler, cualquier cosa mejor que la actualidad, solo quedaban buenas esperanzas y buscarle ayuda a Robert, no para que lo olvidara, para que lo aceptara y supiera vivir feliz más adelante aunque le costara.
-Robert mañana empezamos una nueva vida, todo irá bien, ya nada malo te pasara.
Aun teniendo en cuenta lo ultimo acontecido, Robert se sonrió interiormente, sabía que todo iría bien, era hora de escribir su historia en las estrellas.
  Esta noche no dormiría tenía miedo de recordar toda esa situación, pero pasado un tiempo dormiría feliz, ya no tendría que buscar refugio en las hogueras de los mendigos, ni pasar frio, solo cosas buenas, aunque tampoco quiere engañarse, siempre habrá algo malo, pero comparado con todo lo acontecido no será nada.

Cuesta creerlo, y aunque esta historia no sea real, miles de niños sufren desgracias parecidas, hay miles de abusos por parte de personas mayores, pasan frio en las calles, no tienen sitio donde dormir o simplemente pasan hambre.
  También hay familias que pasan estos sufrimientos, madres que se ven arrastradas a la prostitución para poder mantener a sus hijos, haciéndose daño a sí mismas y sin darse cuenta a sus hijos.
  La vida es muy injusta y está llena de desgracias e injusticias. Donde la gente del día a día lo ignora, tal vez no queremos darnos cuenta de lo que sucede, tal vez, no lo sé. Es hora de hacer algo, de luchar por erradicar estas injusticias, de conseguir que salgan a la luz, de luchar por el bien de conseguir que haya paz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario