Los pasos eran torpes, por suerte Derik estaba a su lado guiándola, sujetando su mano. No era de extrañar que necesitara ayuda, ya que una venda cubría sus ojos.
- - Vale unos pasos más y llegamos.
- - Por fin voy a saber a donde me dirijo.
- - No te preocupes, ya te dije que debes confiar en mi.
La oscuridad desapareció, presentando frente a Clarise una imagen enternecedora. Una mesa adornada con velas, con una cubertería elegante y un plato que como mínimo era apetitoso. La luz en la sala era tenue, dándole el toque romántico de las películas románticas que a Clarise le gustaban.
- - Me queda el toque final.
Frente a Clarise apareció una rosa, de un rojo intenso…
- -No deberías de haberte molestado.
- -Si no lo hubiera hecho, ¿crees que tendrías esa sonrisa ahora mismo?
- -No se que decir…
- -Mejor no digas nada.
Derik le dio la vuelta, para poder besarla, lentamente, disfrutando del roce de sus labios, y de aquel momento tan especial.
- - No me importa todo lo malo que pase, o los miles de defectos que digas que tienes, me da igual que me regañes con tal de que no te enfades, y si lo haces me esfuerzo para que me perdones, porque lo que siento por ti es real, y esta muy dentro de mí. Te amo…

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