lunes, 9 de julio de 2012

Enfermedad

La puerta de la estancia se abrió lentamente. La sala disponía de una gran iluminación, aportada por el ventanal situado al otro lado del cuarto, justo frente a Vairon.
  Tendido en la cama, entre una enredadera de tubos, que le ayudaban a respirar, y un sin fin de cables que conectaban con esas maquinas insoportables, que no paraban de pitar; se encontraba Adrian, no estaba solo sus familiares y gente mas querida se encontraba con él.
  Varion dio los primeros pasos para adentrarse en el cuarto, odiaba los hospitales, se sentía aprisionado y consumido por dentro y la imagen que se encontraba frente a él no ayudaba a que mejorara.
  Adrian no tenia fuerzas, giro la cabeza para verle, intento sonreír pero solo llego a una mueca; levantó la mano para saludar, pero falló en el intento. Era tan frágil, alguien que desde que nació tenia tanta vitalidad, quien conseguía que sonrieses sucediera cualquier cosa, quien era imposible que no te animara... lo había perdido.
  Vairon no podía contener las lagrimas, era incapaz de ver a alguien tan importante para él en esas condiciones. La cabeza comenzó a darle vueltas, necesitaba sentarse. Antes de abandonar la sala se acerco a Adrian. Se despidió, pero no sin antes prometerle que iría a verle todos los días.
  Antes de que derramara mas lagrimas y su mareo empeorase abandono la estancia. No podía verle así, Adrian siempre había sido su modelo a seguir, y en esa sala no estaba. El cáncer no había conseguido vencer su espíritu luchador e incluso antes de la operación ya estaba haciendo planes de futuro, prometiendo miles de fiestas, de risas, de momentos en los que no importa nada...
  ¿Cómo decirle que la operación no servia para nada?

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