La miras a los ojos, observas su rostro, y cada facción de su piel. Solo piensas en poder acariciarla, sentirla cerca de ti. El único deseo que tienes es poder rozar sus labios una vez mas, sentir la conexión por un instante, saber que ocupas su pensamiento y que todo es posible. Te observa, como decirle lo que sientes, nunca se te da bien expresarlo. Lo piensas un segundo, llegando a la conclusión de que no merece la pena decírselo ¿Cambiaria algo?
Seguramente no, la sonríes y sigues contemplándola, ella sonríe, incluso en la lejanía eso es lo más importante.
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