sábado, 3 de noviembre de 2012

Espiritu

Dicen que los espíritus se aferran a la vida mediante cualquier objeto que les perteneciera, o por causas que quedaron pendientes. Tal vez ese era el motivo por el cual Kai no podía descansar en paz.
  Kai se encontraba a los pies de la cama, observando como Elena se alisaba su larga cabellera negra, su figura no se reflejaba en el espejo. Hacia ya varios meses de su fallecimiento, pero Kai no había abandonado el mundo terrestre, para unirse al de las almas.
  Sobre la mesa se encontraba una foto de Elena rodeando con sus brazos a Kai, junto a una rosa blanca. El siempre estaba presente, pero no lograba hacerse sentir, decirla que estaba junto a ella siempre, cuidándola. A cada segundo pasaba a su lado, ignorándolo, sin poder rozar sus manos. Hacia tiempo había comprendido uno de los motivos por el cual se encontraba atado, Elena seguía llevando la cadena de plata, con su anillo colgado al cuello, no le había olvidado... Pero seguía su camino y aquella noche tenia una cita.
  Elena se quito la cadena de plata, no conjuntaba con su atuendo, esta noche Kai no la acompañaría.

Kai sostuvo la rosa entre sus manos, se estaba marchitando, ocupo el lugar ahora vacío, por otra rosa recién tomada de un seto del jardín, con un blanco mas vivo.
  Otro de los motivos por el cual se mantenía atado a este mundo era su cometido de cuidar de Elena hasta el final de sus días. Al final se encontrarían, quien lo sabe, pero el estaría ahí, hasta el momento de poder descansar en paz.
  Elena se encontraba destapada sobre la cama, sumida en un profundo sueño. Kai la arropo con la sabana, tendiéndose a su lado, para poder abrazarla.

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