La habitación es oscura, insonora....
Grita con todas sus fuerzas, pero el silencio es su mayor enemigo, pues su grito desesperado no emite ningún sonido. Desesperado comienza a dar vueltas sin sentido, agarrándose los cabellos desesperado, sin encontrar ninguna salida. Las sombras poco a poco empiezan a apoderarse de su ser, el frío le estremece el cuerpo, siente que no hay escapatoria, siente que hoy es el final.
Un ruido sordo interrumpe el pesado silencio, provocando que las sombras se alejen de la luz aterrorizadas, una puerta se ha abierto ante sus ojos. A duras penas consigue incorporarse, paso a paso sale de la sala.
La oscuridad ya no era tan pesada, ante el un largo pasillo con puertas a los laterales, se extendía infinito. avanza sin pararse en ningún momento, siente que son esas puertas, sin saber el porque, sin tener que mirar, saben que son pruebas, sabe que lo que ocultan es la respuesta a sus sospechas, la confirmación de que todo es su culpa, de que falló sin poder hacer nada. No se detiene, no mira, sabe que solo duele.
Al final una larga escalera desciende a lo mas profundo de la oscuridad. No hay salida, no hay mas camino. Toma aire y comienza el descenso.
Los primeros escalones son sencillos, pero no tarda en complicarse. El alambre de espino se interpone en su camino. Con gestos torpes intenta cruzar el alambre, es inútil, él lo sabe, no es capaz de lograr nada y antes de que pueda rectificar su último movimiento tropieza, precipitándose al abismos. El alambre le provoca graves heridas, pero no siente el dolor, al menos no siente dolor físico, no sabe explicarlo, pero el alambre le abría nuevas heridas, que no sangran, pero mas dolorosas que las que sangran, le habría heridas que creía cerradas, mientras caía en la sala mas oscura.
No es capaz de incorporarse, se encoge, abrazándose, no es por el dolor, es algo totalmente distinto. Una sensación le invade las entrañas, vacío, lo único que siente es vacío.
Asustado abre los ojos, todo era un sueño, producto de su subconsciente.
Soñoliento mira el móvil, en busca de la hora, mira el fondo, ningún mensaje. De repente, como una estrella fugaz, todo cobra sentido en su mente, sus recuerdos afloran sin cesar. Todo tiene sentido ahora, su infierno es diferente, pero similar al del sueño.
Abatido mira el techo confundido, mientras las lágrimas emergen desde lo mas profundo del subconsciente.
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